domingo, 16 de septiembre de 2012

PERTINAZ SEQUIA


A Josefina Armenteros Rubio
Septiembre 2012


No quiero ver los olivos sedientos de mi pueblo abrasados por la calma de siestas y soles, de noches tórridas, donde hasta la luna me han dicho pide agua para poder dormirse.

Quiero ver el cielo cubierto de nubes negras, de nubes grises y plomizas, y a vencejos volando muy alto, casi bebiendo en esos nublos.

Quiero que la brisa de las nubes arrastre remolinos de polvo, polvo de los caminos, polvo de los olivares y hasta el polvo de aquellas eras.

Quiero ver cómo el viento de alguna tormenta mueve los cardos secos de los caminos y despierta a los vilanos elevándolos en su viaje sin retorno hasta el cielo infinito. 

Quiero oler a tierra mojada y llenar con su fragancia mis pulmones, y que ese olor reparador, me transporte en el tiempo a otros tiempos vividos en mi pueblo.

Quiero que las grietas del olivar se inunden con el agua caída, y curen y tapen las cicatrices profundas de nuestros campos sedientos.

Quiero que una lluvia mansa, casi adormecida acaricie los tejados de mi pueblo en noches de canales y días de migas.

Quiero ver a gentes corriendo por las calles, y algún paraguas volando, y a ninguna golondrina hasta el mes de marzo.

Quiero desde el Cerro, ver a mi pueblo envuelto entre la bruma y la neblina, y no por el flamear infame de la canícula.

Quiero que los pinceles de la lluvia restauren el color de los olivares, y borren el ocre pálido de muerte que la sequía les pintó.

Quiero que llueva otra vez tras los cristales de aquella escuela de Machado, en tardes pardas y frías.

Sí, quiero que llueva dulcemente sobre los campos de mi pueblo, campos de mi niñez, campos con sed de trabajo, con sed de tanto... campos de Torredelcampo.